lunes, 8 de octubre de 2018

Un estrato como del XVII

A la hora prevista, porque estas cosas salen siempre a la hora prevista porque no suele haber hora anunciada, salió la Virgen del Rosario con el impulso y nuevos bríos de la Archicofradía suya de siempre. Salió el estandarte, feo, blanco y grande con la antigüedad bordada en oro (1578) y numerosos fieles con breves puntos de luz en la mano. El recorrido, el de los últimos años y en la calle bastante gente para ser un domingo por la tarde en una ciudad en la que los domingos sólo sale a la playa seis meses al año y al paseo marítimo los otros seis. Acompañaba la agrupación musical de Nuestra Señora del Mar, que es de Huércal pero como si fuera de aquí y el repertorio fue el habitual. No hubo margen para la sorpresa, todo discurrió según lo esperado y la Virgen de los pendientes pequeños, yo diría que los más de entre todas las Vírgenes que salen en Almería, transitó los empedrados, las estrecheces del entorno de la plaza Careaga, donde se hace grande esta Virgen de dimensiones breves. Que yo creo que le pasa como a sus pendientes, que es la más de entre todas las que salen en Almería.

La imagen es una talla pequeña de la que se dice (y está en estudio) que es del catalán Ramón Amadeu i Grau que ya iba apuntando maneras de belenista a finales del siglo XVIII y de la que la ciudad puede ir presumiendo por ahí y, mira tú por dónde, tan presumida para unas cosas, de ésta no saca pecho. La historia tiene miga e ingratitud. Miga porque Antonio Bueno fue un prior que tuvo este convento de Almería que le hizo mucho bien a la comunidad y a la ciudad y que nos la rescató de entre las piezas de un anticuario de Barcelona e ingratitud porque gente que hizo cosa de menos valía para la ciudad, para sus cofradías y para la historia en general y la del arte en particular tiene calle, por poner un ejemplo, y él a todo lo más que le alcanzaron los méritos fue para un traslado. Así funciona esto. El que vale, sale y el que no, lleva 20 años de párroco. Al señor Bueno, un almeriense enamorado de Almería, ya no se le ve por aquí. Sí, en cambio, otros hábitos blancos que figuraban en la presidencia del cortejo acompañando a Javier Muñoz y más apellidos que conversaba con Elías García de primero y Amat de segundo con quien comparte sede y devociones. La del Mar y la del Rosario son advocaciones y devociones que de antiguo han compartido convento y cuitas.

La conversación entre varas y trajes oscuros subió por Real hasta donde Real y y la de Jovellanos son dos calles que se confunden y se perdió con delicadeza por la de Emilio Ferrera donde otro Emilio, el letrado Esteban Hanza defiende que el sol que da al cubo de la Catedral es de Villalán, no de Portocarrero. Escasos días tiene en una fachada de esta calle antigua este sol nuevo y esta reivindicación vieja. Y es que hoy todo parece muy de antiguo. Parece y lo es. Esto de que por estas fechas salga la Virgen del Rosario, si no ésta, la o las que hubiera antes, es cosa que en Almería se hace de antiguo. Ya en 1619 las reglas de entonces lo mandaban. Que tal día como hoy (por ayer), primer domingo del mes de octubre, se celebrase la fiesta de la Virgen del Rosario con procesión solemne. Supongo que igual que la arqueología se nutre de capas de sedimentos, la cosa esta que los curas llaman religiosidad popular casi lo mismo. Y hay épocas de mucho salir (como en el siglo XVII), luego vienen otras de no tanto que se alternan con las de pegarle fuego a las iglesias y a los retablos y ahora estamos en una como de recuperar. Algo así como en las relaciones sociales en las que, donde hubo fuego quedan rescoldos. Así que el pasado 7 de octubre salió un rescoldo de religiosidad con sabor a una Almería distinta. Por eso a mí me parece que es bueno que también transite unas calles distintas. La de los Álvarez de Toledo es una de ellas, pura magia, encanto, almíbar, cal entonces, aunque supongo que pintura acrílica ahora y la medida precisa.

Fue hasta la Catedral que, imagino, estaría cerrada y se volvió ya para Santo Domingo. Fieles muy fieles se quedaron acompañándola en piadoso cortejo y se afianzó la cosa así como una capa de sedimento nueva sobre las viejas. La arqueología devocional suma un estrato nuevo que estudiar en una archicofradía del XVI, con costumbres del XVII, una imagen del XVIII y una piedad de católicos muy del XIX a la que le pegaron fuego en el XX. Iremos viendo lo que y cómo se deposita en el XXI.

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