viernes, 26 de septiembre de 2014

En la palangana de Pilatos

 
Qué bonito es el regreso a esto de la vida interna de las cofradías. Con septiembre llega la cosa cofrade como por un grifo abierto por el que corre un chorro de cultos, que si en la Cena, que si en las Angustias, que si el Amor, que si el Gran Poder, que si la Soledad, que si el Prendimiento, que si el Encuentro, que si el Santo Sepulcro, que si el Silencio y no sé qué me dejo por ahí que seguro que sí. Aldabonazo, pistoletazo de salida o como cada uno lo quiera llamar para un curso cofrade que comienza marcado por las transiciones. Varias hermandades llegan al calendario con retos por delante, con necesidad de respuestas y con un paquete ingente de cambios habidos y por haber. Con elecciones celebradas hace poco o por celebrar dentro de menos y con necesidades tan diferentes como sus propias realidades, pero con metas comunes, el chorro abierto de septiembre deja en la palangana de Pilatos las edades del hombre en clave cofrade. El pasado más reciente, el presente más rabioso y el futuro más esperanzador en la figura de, pongamos, cinco hermanos mayores que acaban de llegar, que están a punto de hacerlo o que empiezan a despedirse. Un agua que para unos quema, para otros es tibia como ciertas actitudes y para otros refresca que es como tiene que ser el agua a menos que te quieras preparar un poleo menta.

En el Amor ha ganado las elecciones Juan Antonio García por un estrechísimo margen. En San Sebastián se expusieron dos maneras de entender las cosas, dos candidaturas: una pretendía continuar la labor de la última junta y la otra la de la penúltima. Y a la que ha salido le toca recomponer la hermandad tras la hemorragia que la desangra en los últimos años. Para ello no hace falta Betadine sino responder o saber quién, qué y cuánto es el Amor, que no es poco -ni sencillo-, pero sí, como digo, muy necesario. Almería necesita la grandeza de sus hermandades históricas y se echa de menos al Amor. Una que sí está, pero más veces de las deseadas da la impresión de que no, es la del Prendimiento. Allí aún no se ha celebrado el cabildo de elecciones pero cerrado el plazo de presentación de candidaturas sólo consta la de Isaac Vilches. No entra en liza ningún otro oponente y quizá por eso tiene enfrente al rival más difícil: a si mismo. Y detrás mucho miedo. En el Prendimiento siempre se tiene miedo al cambio y en esa casa hay un equilibrio complicado: muchas cosas tienen que cambiar, pero como cambien muchas cosas aquello se desmorona. Mi idolatrado Sr. Vilches tendrá por delante -si se cumplen los plazos, si se consuman los hechos- cuatro años de retos constantes, amargos frutos de temporada y deliciosos manjares si responde como se espera de él. Llega para que todo cambie y siga siendo igual. Por su parte, tan cerca y tan lejos, Rafael Morcillo ha cogido al Rosario en el exilio y en medio de un litigio con la Diputación en el que uno piensa ya en largo. Y para colmo con la cofradía en el jardín del Jueves Santo de 2015. Muy complicada la gestión, un mandato con pinta de cáliz que le ha sido imposible evitar y en la opinión de uno que yo me sé que tiene un blog, con más fáciles soluciones que las constantes huidas hacia delante que adornan a la hermandad. Y a la que le han huido casi es a la de la Caridad, que la mandan de San Francisco a Santa Teresa. Juan Antonio Ruíz Pardo llega al final de su verano dorado -metáfora de andar por casa de la vara de hermano mayor que blande cada Viernes Santo- con los proyectos iniciados, la cofradía en la otra punta de la ciudad, la casa en la otra y los hermanos vaya usted a saber dónde. Los hermanos de la Caridad también eran de los que pensaban que se crecía en día santo, como los del Rosario. Lo que pasa que luego se toparon con la realidad de que crecer se crece de otra manera. Y continuando para bingo porque la línea es correcta, terminamos el repaso a algunos retos con la despedida de Jorge Espinosa en el besamano de los Dolores. El hermano mayor que ha puesto en valor a la dolorosa de Prados López y que ha demostrado que mejor solo que mal acompañado se va con el Santo Sepulcro bastantes peldaños más arriba de donde la recogió. Se echarán de menos sus elegantes maneras igual que no habrá tertulias suficientes para agradecer lo que ha hecho por una hermandad por la que muchos pasaron dejando pena y llevándose la gloria. Espinosa, al revés que todos ellos, se lleva las penas de su mandato a través del desierto en un bolsillo. Las glorias se quedan en San Pedro. Y a lo de si la palangana de Pilatos está más llena de unas cosas que de otras lo iremos sabiendo conforme vayamos lavándonos la cara en ella, en el día a día, en la realdiad de nuestra Semana Santa, esa semana del año que aquí dura 52.

Pilatos se lava las manos (Mattia Preti, 1663). Museo Metropolitano de Arte, Nueva York.