martes, 25 de marzo de 2008

La sombra y la hoz de los de abajo

El reloj y sus horas, detenido sobre el albero de la Plaza de Toros, quiso marcarle la hora más taurina a la cofradía que le pillaba más a mano. Así que los nazarenos del antifaz verde, los que van delante del paso de la Esperanza Macarena se reunieron en Cabildo de oficiales y se fueron a las cinco de la tarde a reinventar a un Lorca niño que aún correteaba por la plaza Bálmez. La suerte fue que no eran las cinco en sombra de la tarde como en el verso del granadino sino las cinco en sol -mucho sol- de una tarde impecable pese al frío viento de solano que estropeó otras salidas. ¡Cómo brillaba la orfebrería de la cofradía! Y cómo debieron de agradecer la temprana entrada los hermanos.

Antes, las calles se colapsaron de procedencias diversas. Del Zapillo se vino el Gran Poder, una cofradía marinera (por adscripción y advocación) empeñada en remar contra viento y marea e implantar un estilo de cofradía que no es capaz de asumir y de Oliveros la de Pasión y sus muchos cambios. Detrás del Señor una agrupación por vez primera y delante del palio, Francisco Sánchez Cantón ausente también por vez primera. Qué hermoso es el dragón de plata de su llamador. Aldabón de un gran paso que, no obstante, no termina de ubicarse entre la seriedad supuesta y las condiciones impuestas. La cofradía en la calle aún no termina de posicionarse en la acera de las cofradías serias ni en la de las de bulla así que ella transita por la calle del Canónigo Molina Alonso cumpliendo años y esperando que llegue el día.

Al Señor, las rosas le daban un aire a paso diferente y la agrupación del Rescate (de Linares) unos aires de elegante regreso alegre por la rambla de Federico García Lorca cuando hacía frío y la cofradía se hunde en el mar de dudas de su ser. Detrás venía el palio, llegando como podía y el auxilio de la Unidad entre la exquisitez de León Peñuelas y los bordados de sus faldones.

Qué merito, eso sí, venir a cumplimentar como cada Lunes Santo cumplimentan los hermanos del Gran Poder. Este año estuve en la desapacible salida al mar y sus vientos y lo que menos se me apetecería como hermano sería entonces venir al Paseo a pasar y luego tener que regresar en la infinita soledad de su largo y recto camino de vuelta. Yo que a pasar bajo el ficus no le encuentro sentido y ellas (estas hermandades) que ven practicamente su razón de ser en ello. Es la grandeza de una Semana que a todos nos entiende, a todos nos da la razón y a nadie se la quita.

Lo que no da esta Semana son minutos. Llegó la Cruz de guía de la Esperanza Macarena con adelanto a la Carrera oficial pero no pasó. De cerrar la jornada a abrirla en un año. El que lo hizo fue el Señor de la Sentencia en un misterio que le gusta a Almería (a mi personalmente Barrabás y Pilatos) y que con Santa+Cruz detrás consigue ese todo al que aspiran cuadrillas y bandas pero no abunda. Luego, en la recogida, por la calle de las Cruces, la cofradía siguió siéndolo como hacía años que no lo era y se vino arremolinando la Esperanza bajo su manto los temores disipados de quienes creían que a las once de la noche la bulla iba a ser menos bulla. Lo siguió siendo, igual de ordinaria, eso sí. Cuide la Hermandad como se le ocurra -ojalá tuviera yo una idea que plantear para ayudar- a evitar abusos y desmanes. Tal vez si empezamos a poner un poquito de nuestra parte todos y cada uno de los protagonistas, a la Virgen la acompañe el pueblo, no el populacho.

¿Y Pasión no salió de Carrera oficial con adelanto? Esa sensación tuve yo en Reyes Católicos. De todas formas, es bonito acompañar sea la hora que sea a la cofradía de vuelta a Santa Teresa. Sobre todo cuando pasa sobre lo que fuera el puente de Oliveros y donde hace años los vecinos esperaron la llegada del Nazareno caído que venía de la Catedral una fría tarde de domingo. Me vine al lado del Señor desde Marqués de Comillas hasta la calle de Rafael Alberti. El mismo Alberti que escribiera hace casi treinta años (aunque ahora no venga mucho a cuento) aquello de

La Virgen del Baratillo,
sobre cuarenta costales,
sueña en la hoz y el martillo
para aliviar tantos males.

Qué tendrá lo de los costales que hasta versos a poetas comunistas despiertan. Pasiones es lo que levantan las cuadrillas. Como la primera cuadrilla mixta que sacó a los Desamparados y que en la recogida quedó claro varios pares de pares de veces. Este es un palio que no ha levantado cabeza desde que sale o, utilizando el habla de los de abajo, un paso en el que no han ido rectos en la vida. ¿Cuál es su mal? Este año se volvió a sufrir aunque menos. ¿Habrá sido el ansiado punto de inflexión? Habría que preguntárselo a Adrián Martínez Carretero.

Dato de los del martillo (llamadores sin hoz): este año que han retirado el semáforo del Paseo con General Tamayo, qué bien ha pasado el Gran Poder por el palco de toma de horas. Y Tomás Vidal mandó en la Esperanza sin desmerecer a Galetti pero sin que se le echara de menos tampoco. El Chino debutante en la rampa de Santa Teresa y auxiliado por la gente de la Unidad fue otro debutante con picadores. En fin... Los resultados ustedes los vieron igual que yo; sólo cambia las valoraciones de cada uno. Y, como dije antes, esa es la grandeza de la Semana Santa (una de ellas); que a todos nos entiende, a todos nos da la razón y a nadie se la quita.

Imágenes: diario IDEAL

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