domingo, 9 de diciembre de 2007

¿Pregón o sermón?

La Semana Santa de 2008 será una de las más tempranas posibles por el asunto del calendario y los ciclos lunares; y los cofrades, siempre previsores, nos preguntamos si este año nos pillarán las parihuelas con los turrones en la boca. En años así, todo se adelanta, desde los pequeños rituales personales cuando ya asoma la Cuaresma hasta los actos oficiales de eso que se da en llamar Curso cofrade. No es extraño que se vayan dando a conocer fotos para carteles oficiales, provocando la guasa entre la gente (“no ha nacido aún y ya lo estáis matando” dicen). Y en ese orden de cosas, ya conocemos al pregonero de la próxima Semana Santa de Almería.

No es tan raro, por tanto, que por noviembre andásemos hablando ya de quien habrá de contar las maravillas de nuestra Semana Santa y exhortar al pueblo a que conmemore la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo. Pero algo más extraño resulta el nombre que se nos propone. Quizá no tanto extraño, como llamativo, puesto que el encargado de tal tarea no es otro que Monseñor González Montes, Obispo de Almería.

Por sí solo, un nombre no dice nada. Es evidente que Monseñor es tan válido como cualquiera. Como cualquiera que sea válido, se entiende. Es una persona que en estos años ha conocido nuestra Semana Santa, la ha vivido y puede hablar de ella. Es culto y ameno. Está en contacto con su diócesis y se ha preocupado por dar una imagen de cercanía hacia el mundo cofrade. Ahora nos hemos acostumbrado algo más a su presencia durante las estaciones de penitencia, pero recordemos el impacto que supuso verlo a pie de calle al paso de una procesión. O la primera vez que se le vio asomado al balcón del Palacio. Todos estos detalles que hoy nos parecen tan normales, hace algunos años eran impensables, así que hay que reconocer el interés.

Algunas dudas surgen, en cambio, ante esta elección como pregonero. Darle un atril a quien ya tiene púlpito puede ser un mal comienzo porque la Semana Santa es ante todo una expresión de la religiosidad popular. Es el pueblo cristiano el que se organiza en hermandades, es el pueblo el que saca los pasos a la calle y el que los ve caminar. La relación con la jerarquía de la Iglesia es necesaria, pero puede interpretarse mal que sea el propio obispo el que nos diga eso de “almerienses, salid a la calle, vivid la Semana Santa”. No nos es desconocido que el paternalismo eclesiástico no es siempre bien recibido.

Cabe plantearse por otra parte, que las alternativas parecen cada vez más agotadas para la Agrupación de Hermandades y Cofradías. Mientras que por una parte las propias hermandades sí parecen estar en constante proceso de renovación, como acredita el hecho de que se incorporen cada vez más miembros jóvenes a las juntas de gobierno, no parece ser ese el camino seguido por la Agrupación, cada vez más enrocada en sí misma. Con honrosas excepciones, los pregoneros de los últimos años venían precedidos del cartel de “ya visto” y dejaban la sensación de que no había más cera que la que ardía. Y eso no es así. A veces se hace necesario arriesgarse y hacerse a un lado para dejar paso, tener afán por renovarse y enseñarnos otras caras –y otras voces- que no sean las de siempre. Desde ese punto de vista, el obispo es una cara nueva y se agradece que tenga algo que decir. Pero ¿es ese el camino de la renovación?

En cualquier caso, no conviene hacer juicios apresurados. Soy partidario de que a los pregoneros se les juzgue por sus pregones, no por sus credenciales. Personalmente confío en que Monseñor González Montes sabrá glosar bien la esencia de la Fiesta y es de esperar que sea un pregón de altura. A priori no hay que esperar necesariamente que nos encontraremos ante ideas más espirituales que materiales, o pensar que pueda ser un pregón más cultual que cultural. En un mismo pregón caben muchos pregones y la única duda residirá en si Monseñor sabrá salirse de ciertos clichés litúrgicos. En la medida en que los evite, viviremos una buena mañana como preludio de los días que todos los cofrades esperamos con tanta ansiedad.

7 comentarios:

  1. No es tan desatinado elegir a un sacerdote (en este caso el Ordinario del Lugar), siempre que el propio sacerdote, 'baje a la calle'. Lo ideal es que el prelado hable como espectador, no como 'cocinero' del gran plato que son las procesiones. No tanto para preguntar '¿A qué os gusta esto que os permito hacer?', sino para que, por un momento, deje el alzacuello a un lado y experimente una vivencia de Fe al ver prender la candelería ante una Dolorosa. Los curas se pueden enriquecer interiormente si saben vivir la Semana Santa. Mucha suerte.

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  2. por cierto y referente a perez reverte si hay un enlace directo y que te lleva a la columna semanal es:
    http://www.capitanalatriste.com/escritor.html?s=patentecorso

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  3. Un articulo muy interesante el propuesto por Estaban. No tengo un conocimiento muy grande sobre la envergadura que el pregón ha tenido a lo largo de su historia en la provincia de Almería , ni tampoco del interés social que suscita el mismo. Todo el mundo sabe que para realizar el pregón de cualquier acto, en este caso el de la Semana Santa, el pregonero tiene que tener un conocimiento considerable y significativo de todo lo relacionado con nuestra Semana Santa. El pregón tiene que ser sólido y tradicional, y además tiene que CONVENCER. En mi humilde opinión el pregonero tiene que ser una persona de Almería o con raíces muy profundas que las vincule a la Semana Santa ; que AME y CONOZCA la Semana Santa de Almería. No me parece acertada esta decisión (esto no quiere decir que no haga un buen pregón), pero me decantaría por otras opciones .
    Saludos

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  4. No será la primera ni última vez que un sacerdote de un pregón de Semana Santa y por experiencia pocas veces consiguen transmitir lo que los odios de un cofrade desean oir, y eso es asi porque la mayoría de sacerdotes no viven las cofradias como los cofrades, sino desde un punto más lejano....si se produce esa cercanía será mejor para todos y Almería vivirá un gran pregón

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  5. Da igual que sea o no sacerdote siempre y cuando, como se suele decir, haya sido cocinero antes que fraile.

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  6. esteban giménez sicilia30 de diciembre de 2007, 12:36

    Pensaba que esto no le iba a interesar a nadie, así que agradezco doblemente los comentarios.

    Gracias también al "anónimo" del segundo comentario, pido al editor de este blog que sustituya el enlace y elimine el comentario.

    En breve estará lista una segunda entrega, espero que interese.

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  7. Este mediodía, de camino a casa tras participar en la eucaristía que ha oficiado el Sr. Obispo en la Catedral con ocasión del día de la Familia, venía dándole vueltas a este asunto. No es raro (y los últimos años menos) ver a sacerdotes dar pregones... Creo que el Prendimiento se lleva la palma en esa estadística, por cierto. Y en ese sentido me planteo, como bien apunta Esteban, la idoneidad de darle un atril a quien ya tiene púlpito.

    Indudablemente los gestos de este Obispo para con las cofradías son numerosos y plausibles desde la perspectiva de los cofrades. Siempre ha estado con ellas, cosa que otras prelaturas no. Es más, si atendemos a lo que dice el DRAE de pregón: discurso elogioso en que se anuncia al público la celebración de una festividad y se le incita a participar en ella, cabe interpretar que una fiesta religiosa un sacerdote la elogiará como pocos e incitará a participar en ella con verdadera convicción lo cual lo convertiría en "buen" pregonero pero, repito mis dudas con Esteban en lo de darle un atril a quien ya tiene púlpito es un arma de doble filo por cuanto lejos de pregonar puede que se caiga en el error de adoctrinar, de predicar... Y las acepciones de dicho verbo en el DRAE no las veo compatibles con un pregón. A saber: reprender agriamente a alguien de un vicio o defecto, amonestar o hacer observaciones a alguien para persuadirle de algo o alabar con exceso a alguien.

    La clave, pues, estará en saber si el pregonero de este año, que ya posee numerosos cauces para dirigir a su rebaño en forma de decretos, cartas, exhortaciones, homilías y demás no toma el atril del Teatro Apolo como otra más. Porque entiendo que no es ni día ni lugar para eso.

    Dicho esto, hago mío el último párrafo del artículo de Esteban así que hasta el día 2 de marzo al mediodía no sabremos cómo fue el Pregón.


    Post Scriptum Y, total, haga lo que haga y diga lo que diga, al final todo el teatro se pone en pie así que no hay de qué preocuparse... ;o)

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