domingo, 18 de noviembre de 2007

Titulares de Angustias

Santísimo Cristo de la Buena Muerte

Autor: José María Hervás Benet, en 1954.
Restauraciones: José Lucena Gómez (1995).
Análisis artístico: La imagen de Cristo muerto aparece clavada en un madero de sección cilíndrica y arbórea. Su composición recuerda los modelos mesinos del Cristo del Amor y del Cristo de los Estudiantes, ambos en Sevilla, con la cabeza girada hacia el lado derecho, el rostro conservando el rictus de dolor y la atlética anatomía, aunque sin la impecable descripción de músculos, venas y tendones que ofrecen los anteriores. Cabellera y barba, partidas al centro, se disponen en onduladas guedejas, cayendo la melena sobre la espalda, cuello y pecho derecho. El semblante, de acusadas facciones hebreas, posee los ojos y los labios entreabiertos, huesudas mejillas y la frente lacerada por las espinas de una corona que no lleva. El cuerpo muestra fuertes brazos que se resisten a quedar colgantes del travesaño del madero, tórax ancho, vientre tenso, cintura estrecha y piernas colocadas en posición frontal, montando el pie derecho sobre el izquierdo. Por su parte, el sudario, cordífero, se anuda en las caderas del Varón formando dos lazos.


Nuestra Señora de las Angustias

Autor: José Navas-Parejo Pérez, en 1942.
Restauraciones: José Lucena Gómez (1995).
Análisis artístico: La imagen se inspira directamente en la Patrona de Granada, talla próxima al estilo de Gaspar Becerra (hacia 1560-65) que se hallaba en posición erguida y a finales del siglo XVI o principios del siglo XVII se convirtió en imagen representativa de La Sexta Angustia de María, añadiéndosele la imagen de Cristo yacente sobre sus rodillas. Comparte, por tanto, la inclinación de la cabeza y el maduro rostro de tintes castellanos, con los párpados entornados y las comisuras de los labios muy curvadas hacia abajo en señal de pesadumbre, así como la disposición de las manos sobre la hechura del Hijo, carente de advocación. Como aditamentos postizos lleva la Señora ojos de cristal, pestañas postizas en los párpados superiores y cinco lágrimas de cristal que corren por sus encendidas mejillas, tres en el lado derecho y dos en el izquierdo, simbolizando las Cinco Angustias padecidas por la Virgen de las que recibe su título. El cuello es esbelto y un redondeado mentón remata el rostro ovalado. De la talla de Jesús, colocada sobre el regazo materno, destacan sus pálidas carnaciones y acentuada rigidez cadavérica, manifiesta tanto en la disposición de la cabeza como en la tensión del torso y la flexión de las piernas como consecuencia de la postura adoptada en el madero. La cabellera, partida al centro, presenta onduladas hebras pegadas al cráneo que caen sobre los hombros del Varón. Los ojos y los labios se hallan semicerrados, la nariz es afilada y la barba muy puntiaguda. La anatomía está bien proporcionada aunque no resulta demasiado proclive al detallismo. Se resaltan las costillas en el tórax y los brazos aparecen casi paralelos al cuerpo. Heridas y regueros de sangre se reparten por toda la figura, aunque no en abundancia.

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